
Talk Radio
En su búsqueda de una versión cinematográfica, el actor Eric Bogosian estuvo viendo y escuchando la producción on-air del famoso programa de radio de Tom Leykis show, original de la emisora KFI de Los Angeles.
El personaje ficticio de Eric Bogosian busca y crea diferentes diálogos relacionados con la vida real del locutor Tom Leykis.
El propio actor Eric Bogosian fue el autor del guión junto con Oliver Stone, director de la película. El guión estuvo casi enteramente basado en una obra original de Bogosian con información biográfica sobre Alan Berg, un invitado de un talk-show que se emitía en Denver y que fue asesinado en 1984 por blancos racistas. La información la sacó Bogosian del libro “Talked To Death: The Life And Murder Of Alan Berg”. El locutor llegaba a una relación perversa y casi abusiva con los oyentes que llamaban en una fórmula que funcionaba completamente y el personaje que le da vida en el film, llamado Barry Champlain, se le ofrece cambiar a una emisora nacional, pero su tendencia a la autodestrucción hace que siga en la misma ciudad con el mismo programa, con sus mismos lunáticos oyentes hasta que uno de ellos se le va de las manos y le asesina una noche después de salir del programa.Champlain consigue a menudo enfadar a más de un oyente, intimidándole en cada llamada y tocándole la fibra más clara, pasándoselo estupendamente hablando con los rednecks y demás paletos en directo. Además, la música estaba compuesta e interpretada por el ex batería de la banda británica The Police, Stewart Coppeland.
Un locutor de un programa de radio de Dallas comienza a tener unos días muy importantes cuando se entera que su programa está a punto de ser comprado por una estación nacional. Aunque no todo es perfecto, además de los problemas de su vida amorosa y el temor de que cambien el contenido de su programa, debe enfrentarse a un grupo de ultra enojados con su manera de dar opiniones. Barry Champlain, judío, es un cínico y cruel animador de un programa de radio nocturno de gran audiencia en Dallas. Es una persona voluble, muchas veces simpático, pero también punzante y odioso en ocasiones, que incluso recibe amenazas por sus afirmaciones y opiniones claras y contundentes.Muchos de sus oyentes le aman y no dejan de seguir su programa, pero en cambio, el resto de los oyentes le odia y le gustaría verle fuera de la radio. Aunque la historia es buena, no es realmente asombrosa, y eso que el director es el gran Oliver Stone, que la dirigió en 1987, sólo el guión salva la historia con grandes diálogos y personajes.
Las actuaciones de sus personajes son grandes, increíbles y dignas de un oscar que no se llevaron, sobre todo la de Alec Baldwin, quien está insuperable. “Talk Radio” (Hablando Con La Muerte) sería aplaudida en el Festival de Berlín, logrando su protagonista, Eric Bogosian, el Oso de Plata al Mejor Actor, quien, junto a Ted Savinar, fueron los dos encargados de adaptar la obra teatral a la gran pantalla.
Barry Champlain es un cínico y cruel animador de un programa de radio nocturno de gran audiencia en Dallas. Es una persona voluble, muchas veces simpático, pero también punzante y odioso en ocasiones, que incluso recibe amenazas por sus afirmaciones y opiniones claras y contundentes. Intriga dramática sobre un locutor de radio nocturno. Entretiene a pesar de su exceso de steadycam. El aprovechamiento de toda la cultura de masas y, especialmente, de la radio, no sólo como un medio de comunicación más, para ponerlos al servicio del retazo costumbrista, sí no como el medio específico en el que trabaja el protagonista, y que, a su vez, es objeto, como medio de masas, de una transición, tanto en sus usos como en sus funciones sociales.Barry es una persona voluble, muchas veces simpático, pero también punzante y odioso, en ocasiones. Barry se ve envuelto en el mundo creado por sus oyentes hasta límites insospechados. Dicha actitud personal le irá generando una gran cantidad de enemigos poco a poco. A partir de es mismo momento, la película tomará toda la intriga y el suspense del mejor cine negro norteamericano.
La radio de noche es también el momento ideal para la radio intimista, que invita a la confidencia y al uso de un tono más relajado en la conversación donde pueden abordarse todos los temas de este o “el otro mundo”. Y además es el espacio idóneo para que salga ese poeta, o ese neurótico, o el verdadero “yo” que hay dentro de todo locutor de radio que busca en las palabras una manera de seducir a su audiencia. Nuevamente, el profesional del “Hablando con la muerte” llama a la participación de sus oyentes, a los que denomina amigos: “Amigos, este programa es para decir lo que quieran decir, especialmente esta noche”. La relación que se produce entre locutor- oyente es tan especial, que los propios oyentes llegarán a justificarle al locutor, en sus conversaciones íntimas, dónde radica el origen de los sentimientos de éstos. A tal fin, una oyente del programa de Barry, en el programa “Charlas en la noche”, a través de la llamada telefónica le dirá al locutor donde reside su amargura, su agresividad, al manifestar: “Yo creo que usted está muy sólo por que no sabe amar”. Esta y otras muchas afirmaciones justifican esa comunicación tan personal, tan de “tú a tú” que permiten estos programas. En ellos no es necesario que se conozcan físicamente, no importa ni el aspecto ni la imagen, es la voz, con su cualidades, que al permitir ocultarse al individuo, facilita el contacto más íntimo entre ambos, dejando entrever la cobardía, los miedos y los temores en los que vive estos oyentes. Así, la “radio-conversación” refleja lo que es la sociedad, el cómo está la “salud” social.
La sociedad de la comunicación no es más solidaria ni más afectiva. En su película, Oliver Stone, pone en boca de su locutor el reconocimiento de esta situación paradójica: “…el mes que viene millones de personas escuchen este programa pero, quizás, no tengan nada que decir. Tenemos a nuestra disposición una tecnología maravillosa y en vez de alcanzar nuevas formas de cultura y comunicación, nos hundimos cada vez más”. Y añade: “¿Nos hemos preguntado hasta donde queremos hundirnos?…”.
En su búsqueda de una versión cinematográfica, el actor Eric Bogosian estuvo viendo y escuchando la producción on-air del famoso programa de radio de Tom Leykis show, original de la emisora KFI de Los Angeles.
El personaje ficticio de Eric Bogosian busca y crea diferentes diálogos relacionados con la vida real del locutor Tom Leykis.
El propio actor Eric Bogosian fue el autor del guión junto con Oliver Stone, director de la película. El guión estuvo casi enteramente basado en una obra original de Bogosian con información biográfica sobre Alan Berg, un invitado de un talk-show que se emitía en Denver y que fue asesinado en 1984 por blancos racistas. La información la sacó Bogosian del libro “Talked To Death: The Life And Murder Of Alan Berg”. El locutor llegaba a una relación perversa y casi abusiva con los oyentes que llamaban en una fórmula que funcionaba completamente y el personaje que le da vida en el film, llamado Barry Champlain, se le ofrece cambiar a una emisora nacional, pero su tendencia a la autodestrucción hace que siga en la misma ciudad con el mismo programa, con sus mismos lunáticos oyentes hasta que uno de ellos se le va de las manos y le asesina una noche después de salir del programa.Champlain consigue a menudo enfadar a más de un oyente, intimidándole en cada llamada y tocándole la fibra más clara, pasándoselo estupendamente hablando con los rednecks y demás paletos en directo. Además, la música estaba compuesta e interpretada por el ex batería de la banda británica The Police, Stewart Coppeland.
Un locutor de un programa de radio de Dallas comienza a tener unos días muy importantes cuando se entera que su programa está a punto de ser comprado por una estación nacional. Aunque no todo es perfecto, además de los problemas de su vida amorosa y el temor de que cambien el contenido de su programa, debe enfrentarse a un grupo de ultra enojados con su manera de dar opiniones. Barry Champlain, judío, es un cínico y cruel animador de un programa de radio nocturno de gran audiencia en Dallas. Es una persona voluble, muchas veces simpático, pero también punzante y odioso en ocasiones, que incluso recibe amenazas por sus afirmaciones y opiniones claras y contundentes.Muchos de sus oyentes le aman y no dejan de seguir su programa, pero en cambio, el resto de los oyentes le odia y le gustaría verle fuera de la radio. Aunque la historia es buena, no es realmente asombrosa, y eso que el director es el gran Oliver Stone, que la dirigió en 1987, sólo el guión salva la historia con grandes diálogos y personajes.
Las actuaciones de sus personajes son grandes, increíbles y dignas de un oscar que no se llevaron, sobre todo la de Alec Baldwin, quien está insuperable. “Talk Radio” (Hablando Con La Muerte) sería aplaudida en el Festival de Berlín, logrando su protagonista, Eric Bogosian, el Oso de Plata al Mejor Actor, quien, junto a Ted Savinar, fueron los dos encargados de adaptar la obra teatral a la gran pantalla.
Barry Champlain es un cínico y cruel animador de un programa de radio nocturno de gran audiencia en Dallas. Es una persona voluble, muchas veces simpático, pero también punzante y odioso en ocasiones, que incluso recibe amenazas por sus afirmaciones y opiniones claras y contundentes. Intriga dramática sobre un locutor de radio nocturno. Entretiene a pesar de su exceso de steadycam. El aprovechamiento de toda la cultura de masas y, especialmente, de la radio, no sólo como un medio de comunicación más, para ponerlos al servicio del retazo costumbrista, sí no como el medio específico en el que trabaja el protagonista, y que, a su vez, es objeto, como medio de masas, de una transición, tanto en sus usos como en sus funciones sociales.Barry es una persona voluble, muchas veces simpático, pero también punzante y odioso, en ocasiones. Barry se ve envuelto en el mundo creado por sus oyentes hasta límites insospechados. Dicha actitud personal le irá generando una gran cantidad de enemigos poco a poco. A partir de es mismo momento, la película tomará toda la intriga y el suspense del mejor cine negro norteamericano.
La radio de noche es también el momento ideal para la radio intimista, que invita a la confidencia y al uso de un tono más relajado en la conversación donde pueden abordarse todos los temas de este o “el otro mundo”. Y además es el espacio idóneo para que salga ese poeta, o ese neurótico, o el verdadero “yo” que hay dentro de todo locutor de radio que busca en las palabras una manera de seducir a su audiencia. Nuevamente, el profesional del “Hablando con la muerte” llama a la participación de sus oyentes, a los que denomina amigos: “Amigos, este programa es para decir lo que quieran decir, especialmente esta noche”. La relación que se produce entre locutor- oyente es tan especial, que los propios oyentes llegarán a justificarle al locutor, en sus conversaciones íntimas, dónde radica el origen de los sentimientos de éstos. A tal fin, una oyente del programa de Barry, en el programa “Charlas en la noche”, a través de la llamada telefónica le dirá al locutor donde reside su amargura, su agresividad, al manifestar: “Yo creo que usted está muy sólo por que no sabe amar”. Esta y otras muchas afirmaciones justifican esa comunicación tan personal, tan de “tú a tú” que permiten estos programas. En ellos no es necesario que se conozcan físicamente, no importa ni el aspecto ni la imagen, es la voz, con su cualidades, que al permitir ocultarse al individuo, facilita el contacto más íntimo entre ambos, dejando entrever la cobardía, los miedos y los temores en los que vive estos oyentes. Así, la “radio-conversación” refleja lo que es la sociedad, el cómo está la “salud” social.
La sociedad de la comunicación no es más solidaria ni más afectiva. En su película, Oliver Stone, pone en boca de su locutor el reconocimiento de esta situación paradójica: “…el mes que viene millones de personas escuchen este programa pero, quizás, no tengan nada que decir. Tenemos a nuestra disposición una tecnología maravillosa y en vez de alcanzar nuevas formas de cultura y comunicación, nos hundimos cada vez más”. Y añade: “¿Nos hemos preguntado hasta donde queremos hundirnos?…”.
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